La Constitución y los actos eleccionarios. (16-11-15) - ACTIO WEB

ASESORAMIENTO JURIDICO LABORAL
Vaya al Contenido

Menu Principal:

NOTAS > 2016 -2015 - 2014 > 2015 > Octubre - Noviembre - Diciembre
   
La Constitución y los actos eleccionarios.
     
Escribe el Dr. Rodolfo Aníbal  González (*)
 
     
Pensamientos  y coincidencias.
 En 1831 Alexis de  Tocqueville (1) viaja a los Estados Unidos de América,  enviado por el gobierno galo, a ver “a qué se parece una  gran República”. Este joven de veinticinco años  desembarca en Newport, cerca de Boston, y permanece nueve meses recorriendo  ciudades norteamericanas para lograr una explicación al nuevo fenómeno  mundial. Fruto de ello es su obra principal, “La democracia en América”,  donde el sociólogo francés explica las causas que -a su  juicio- dieron origen al gran país, estructurado por una sociedad democrática,  igualitaria y participativa. Entre otras, destaca las razones de tipo  político e institucional que encuentran su basamento en las normas de  carácter constitucional.
 Un siglo después, Ayn  Rand (2) arriba a conclusiones similares. “Quien  esté en favor de una sociedad libre -dice- debe  comprender que su fundamento indispensable es el principio de los derechos  del individuo, que son el medio para subordinar la sociedad a la ley moral”.  
 En su ensayo “Los Derechos del Hombre”,  la filósofa y escritora de origen ruso, sostiene  que el logro más profundamente revolucionario de los Estados Unidos de  América fue lograr esa subordinación. El principio de los derechos  individuales del hombre representó la extensión de la moral al sistema  social, como una limitación al poder del Estado, como la subordinación de la  fuerza al derecho.
 Para Rand, existen dos violadores potenciales de los derechos del hombre: los  criminales y el gobierno. “El gran logro de los  Estados Unidos -afirma- fue trazar una distinción entre ambos, prohibiendo al  segundo la versión legalizada de las actividades del primero".
 La Declaración de la Independencia de ese país, fijó el principio de que “para  asegurar estos derechos se instituyen los gobiernos entre los hombres”.  Esto proveyó la única justificación válida de un  gobierno, y definió su único propósito correcto: proteger los derechos del  hombre al protegerlo de la violencia física. El gobierno se instituyó para  proteger a los hombres de los criminales y la Constitución se escribió para  proteger a los hombres de los gobiernos.
 La Declaración de Derechos no estaba dirigida contra los ciudadanos privados,  sino contra el gobierno, como una explícita declaración de que los derechos  individuales invalidan todo poder público o social. El resultado fue la forma  de sociedad civilizada que los Estados Unidos de América alcanzaron.
 Con el respeto de las normas constitucionales y de su supremacía jerárquica  como base de la Nación, también coincidía Domingo Faustino Sarmiento, que  recorrió el país del norte, buscando infatigablemente las respuestas que nos  convertirían en el gran país del sur.
 Este pensamiento fue sintetizado en palabras de Juan Bautista Alberdi:  "El gobierno no ha sido creado para hacer ganancias, sino para hacer  justicia; no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y  centinela de los derechos del hombre".
 Desjerarquización de  las normas constitucionales.
 Como síntesis de estos pensamientos, podemos afirmar que las constituciones  son garantía de los derechos individuales frente al Estado, pero a su vez,  marco jurídico de convivencia de la sociedad. Limitan al príncipe y también  al semejante.
 Al referirme a la desjerarquización de las normas constitucionales, apunto a  un sentir, lamentablemente mayoritario en la sociedad argentina, que, desde  mediados del siglo pasado, considera a su Carta Magna sin un valor normativo  operativo y carente -en los hechos- de la supremacía por la cual deben  conformarse a ella todas las normas de inferior jerarquía, como asimismo los  actos del estado y de los particulares.
 La inconstitucionalidad de una norma o de un proceder del Estado a través de  sus organismos ya no nos sorprende, sino que nos resulta habitual. La  Constitución aparece, para la mayoría de los ciudadanos, como un conjunto de  normas éticas de cumplimiento voluntario, cuya violación apenas si tiene una  sanción moral, o -peor- ninguna.
 La Constitución y los  actos eleccionarios.
 A pocos días de un nuevo acto eleccionario, cada argentino tendrá el derecho  y la obligación de elegir, que desgraciadamente tantas veces le fue vedado  por propuestas mesiánicas y autoritarias de gobiernos totalitarios que  quebraron el orden constitucional o por proyectos políticos basados en  hipótesis de pensamiento único.
 Las reflexiones precedentes, de ser compartidas, autoimponen una limitación.  Como ciudadanos no sería coherente con las mismas, elegir para que nos  legislen o nos gobiernen a aquéllos que no nos garanticen con sus  antecedentes, su actuación y sus propuestas, el respeto irrestricto de todos  nuestros Derechos Individuales, consagrados en la Constitución Nacional.
 Políticamente, podríamos dividir a los países en dos grandes grupos: aquéllos  que respetan los Derechos Individuales de sus habitantes y los que a través  de sus gobiernos, los avasallan. Esta es, en mi modesta opinión, una  verdadera opción.
 Es que, de una vez por todas, deberemos reconocer que a los argentinos nunca  nos fue bien cuando ciudadanos y gobiernos no respetamos la Constitución.
 (1) Alexis de Tocqueville (1805-1859). Pensador, jurista, político e  historiador francés.
 (2) Ayn Rand (1905-1982). Filósofa y escritora estadounidense de origen ruso.  
 
Publicado  en el Actio Reporte del 16 de Noviembre de 2015.
 
(*) Abogado  (UBA). Presidente de Actio Consultores Jurídicos S.A.
 
 

Lavalle 648 - Piso 2 (1047)
Buenos Aires - República Argentina

(54-11) 4322-3071/3120/5654/
6188 /6335/6348/8655
                                       
Regreso al contenido | Regreso al menu principal