Concubinato: relación laboral entre convivientes (01-11-07) - ACTIO WEB

ASESORAMIENTO JURIDICO LABORAL
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NOTAS > 2007 - 2006 - 2005 > 2007 > Noviembre
              
Concubinato: relación laboral entre    convivientes
                 
Escribe el Dr. Rodolfo Aníbal    González (*)
   
                 
Romeo    y Julieta.    
   
William Shakespeare    comienza su Romeo y Julieta, escrito allá por el 1600, con estas    palabras:
   
"En    la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias rivales    igualmente nobles habían derramado, por sus odios mutuos, mucha inculpada    sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de esos rencores, que trajeron    su muerte y el fin de su triste amor. Atended al triste enredo, y supliréis    con vuestra atención lo que falte a la tragedia".
   
Ana y    Carlos.    
   
Más de    400 años después, en Buenos Aires, la Cámara Nacional de Apelaciones del    Trabajo escribió sobre otro drama pasional, mucho menos poético y sublime,    pero real.
   
Los    protagonistas, Ana y Carlos, formaron una pareja y convivieron. Alguna    vez, es presumible, habrán al menos pensado como describe en esta frase el    escritor sajón: "Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol    se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te    amo".
   
Sin    embargo, años después, la vida los encontró en los tribunales como    contrincantes de un juicio laboral, para finalizar en forma prosaica y    material, en forma más que diferente a los jóvenes de Verona, su propia    historia de amor, que vaya a saber por qué razones se había convertido en    odio.
   
Siguiendo    a Shakespeare: «El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las    divertidas tonterías que cometen".
   
El    juicio.    
   
Ana    demandó a Carlos    en base a la existencia de una relación laboral entre ambos,    reclamando el pago de indemnizaciones por su autodespido e    irregularidad en su contratación, agregando el pago de horas extras (por    un instante, imaginen la expresión de Carlos _no sus dichos-    cuando leyó -en la demanda- este concepto) y otros rubros más.
   
Carlos    se    defendió manifestando que, en noviembre de 2002 procedió a registrar    laboralmente a su entonces pareja como dependiente suya; pero adujo que    lo había hecho «de favor», a pedido de ella y al solo efecto de    habilitarla ante la autoridad de aplicación para conducir uno de los    vehículos taxímetros de su propiedad.
   
Concubinato    y relación de trabajo.
   
Para el    tribunal, estos argumentos carecieron de toda validez a los fines de    la calificación del vínculo y rechazó la prueba mediante la cual Carlos    pretendió acreditar la existencia del concubinato que manifestó haber    mantenido con Ana. "El concubinato _sentenció-, no    obsta a la posible existencia de un contrato de trabajo entre los    convivientes".
   
Esto es    así porque lo único jurídicamente relevante (bien dicen que la    Justicia es -y debe ser- ciega) fue la manifestación de conducta del    demandado Carlos, al proceder a esa registración, la cual lo obligó    y le impidió desconocer luego, la existencia de esa relación de trabajo sin    incurrir en contradicción con sus actos anteriores.
   
Además,    agregaron los jueces, aún cuando se considerara acreditada la alegada relación    de concubinato entre las partes, dicha situación no constituiría por sí    una circunstancia excluyente de la naturaleza laboral del vínculo.
   
En tales    supuestos, aseveraron, no rige una incompatibilidad de contratación como    la que la legislación civil y comercial prevé entre cónyuges (art. 1358 del    Código Civil y art. 27 de la ley de sociedades).
   
En    consecuencia, Carlos fue condenado. Vaya uno a saber, si    _finalmente- la pena no la mereció por otras cuestiones que ignoramos y que    solo Ana podría contarnos
   
Fin.
   
En Romeo    y Julieta, los jóvenes mueren para eternizar su amor. En Ana y    Carlos, en cambio, la pasión se transformó en furia y finalizó en un    vulgar tribunal laboral, donde el rol de amantes se convirtió en la    relación entre una empleada irregular y su empleador (duda: ¿no sería así    en un principio?...)
   
Y,    finalmente, dice Shakespeare (no el tribunal, pero podría haberlo    consignado): "Si no recuerdas la más ligera locura en que el    amor te hizo caer, no has amado".
   
Fallo    comentado: Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, sala 10ª,    31/08/2007, "Ana G. c. Carlos B.", jueces Daniel Stortini y    Gregorio Corach.
   
Nota    publicada el 1 de noviembre de 2007
   (*) Abogado (UBA). Presidente de Actio S.A.
   
   
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